Coaching
Si hace tiempo sentís que estás dando vueltas alrededor de lo mismo, quizás no necesites una estrategia nueva. Quizás necesites un lugar donde poder encontrarte con eso de otra manera.
Aquí es donde converge todo lo que practico.
Como coach, sintonizo profundamente con tu experiencia. Miro como fotógrafa: presto atención a lo que está ahí, incluso antes de que tenga palabras. Como profesora de Técnica Alexander, noto cómo el cuerpo acompaña lo que contás, la respiración que cambia, los hombros que se tensan. Y queda en mí algo de la ingeniera que fui: la curiosidad por los patrones, por aquello que se repite y organiza nuestra manera de pensar, sentir y actuar.
A veces te comparto lo que noto. Muchas veces te invito a descubrirlo vos.
Con la práctica, esa información que trae el cuerpo deja de pasar desapercibida: se vuelve una fuente de claridad para elegir y responder, en lugar de vivir en automático.
Para quién es este espacio
Para personas que están en un umbral: un capítulo que termina, otro que todavía no tiene forma.
Para quienes ya recorrieron mucho camino con la intención de entender. Acumularon ideas claras, lecturas, quizás años de trabajo interior… e intuyen que la próxima capa no se deja pensar: pide otro tipo de contacto.
Para quienes ya no quieren estar en guerra interna. Y para quienes no vienen a resolver algo en particular, sino a conocerse con más profundidad, estar más presentes con sus emociones, ampliar su capacidad de asombro y tener una vida más alegre.
Qué es el coaching para mí
Muchas veces no sufrimos solo por lo que nos pasa, sino también por la manera en que nos relacionamos con eso. Sentimos tristeza y queremos dejar de sentirla. Aparece el miedo y tratamos de controlarlo. Sin darnos cuenta, empezamos una especie de guerra interna que nos deja dando vueltas sobre lo mismo durante meses o años.
Con el tiempo descubrí que, casi siempre, aquello que parece trabarnos está intentando protegernos de otra experiencia que sentimos más difícil de habitar. Para mí, el coaching es crear las condiciones para acercarnos a eso con suficiente atención, apoyo y presencia.
La sesión es una conversación en la que vamos siguiendo lo que aparece: una emoción, una sensación en el cuerpo, un pensamiento, una intuición. A veces una pregunta abre una perspectiva nueva. Otras veces simplemente nos detenemos a sentir un poco más de cerca lo que ya está ahí.
¿y si no hay nada que arreglar?
Qué podés llevarte
Cada proceso es único, pero esto es lo que veo aparecer una y otra vez.
- Verte a vos y a los demás con más claridad. Ver lo que hay, en vos y en los demás, más allá de las historias que te contás.
- Recuperar la fluidez emocional. Las emociones dejan de sentirse como algo que hay que evitar. Cuando hay suficiente espacio y apoyo, recuperan su movimiento natural. Con ellas, también vuelve la energía que antes estaba puesta en defenderte de lo que sentías.
- Más capacidad para elegir. Notar el instante previo a la reacción automática, cuando todavía hay una elección.
- Un horizonte más amplio. Que eso que parecía la única salida resulte ser una entre varias.
- Más espacio cuando aparecen el miedo y la urgencia. Que la urgencia deje de sentirse como una emergencia, y puedas tomarte el tiempo que la decisión pide.
María Inés lo dijo mejor que yo: «A través de prácticas simples pero poderosas y de “hacer menos”, en poco tiempo abrimos espacio y aparecieron posibilidades que cambiaron mi relación con el trabajo y con el manejo del tiempo.»