Aprender a ver, y a dejarse ver.

Con el cuerpo.Con la mirada.Desde la presencia.

¿Te pasa que termina el día y sentís que estuviste en todos lados menos ahí?

Quizás tu cuerpo está haciendo más esfuerzo del necesario, o parte de tu curiosidad y tu capacidad de asombro se fueron apagando.

¿Qué cambia cuando aprendemos a prestar atención de otra manera?

Entrás a un bosque de noche.

Tu primer impulso probablemente sea que la oscuridad se vaya. Buscás una linterna, apurás el paso, te quedás en el camino conocido.

Con la linterna tenés un círculo de luz, y todo lo que queda afuera se vuelve más negro de lo que era.

¿Y si te quedaras el tiempo suficiente para que tus ojos se adapten?

Al principio casi no ves nada. Después los árboles empiezan a separarse unos de otros. Aparecen las luciérnagas. Ves mejor dónde pisás. Te das cuenta de que siempre hubo más luz de la que pensabas.

El bosque no cambió.

Vos sí.

¿Qué cambia cuando aprendemos a prestar atención de otra manera?

Esa pregunta me viene siguiendo por la ingeniería, la fotografía, la Técnica Alexander y el coaching.

Tres maneras de explorarla: la cámara, el cuerpo y la conversación.

El mundo se revela frente a la atención que le prestamos.

Si algo de esto te da curiosidad...